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LA PASCUA DEL SEÑOR

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c_200_147_16777215_0___images_stories_jesus_resucitado2.jpgLiteralmente la palabra PASCUA significa paso. Dios ha dado un paso con la humanidad y nos invita también a nosotros que demos un paso. El paso del señor lo podemos ver en tres momentos especiales de acuerdo a la Historia de la Salvación:

 

 

Primero: Por cientos de años los judíos celebraban la fiesta de las cosechas o fiesta de la Luna Llena. Donde ellos aprovechaban la primera noche de luna llena de primavera (plenilunio de primavera) para dar gracias a Dios por las cosechas y ofrecer a Dios las primicias de las cosechas, ganaderías e hijos primogénitos. Pero esta fiesta fue abolida por los faraones egipcios. Segundo: Moisés pide al faraón que le permita celebrar la pascua con su pueblo en el desierto. El faraón se niega y le vienen las diez plagas. Al final accede.  Moisés  libera al pueblo, haciéndolo pasar por el mar Rojo. En este sentido la pascua deja de ser la fiesta del paso de la agricultura o paso de la luna llena y se convierte en el paso del Ángel del Señor y paso por el mar. Tercero: Finalmente con Cristo la pascua se convierte en el paso de Cristo de la muerte a la vida. Estos tres sentidos siguen vivos en la liturgia cristiana: pues cada pascua es una acción de gracias a Dios por lo que recibimos de Él, es un acto de liberación de los faraones del pecado que nos esclavizan y es un paso de la muerte a la nueva vida en Cristo, donde bebemos morir y resucitar con Él.

Toda la liturgia de la Iglesia  gira en torno a la fiesta Pascual. Es lo más significativo para nosotros. Este ha sido el acontecimiento más grande de la Historia de la Humanidad. El Paso de Jesús de la muerte a la vida. Esto como una prueba de que un día, también nosotros tendremos una Pascua en el cielo cuando pasemos de la muerte a la vida. Cada misa que celebramos es una actualización de la Pascua del Señor: en ella celebramos que Cristo ha Muerto y Resucitado para la Salvación de la humanidad.

El sentido de la octava tiene su origen en el judaísmo mismo; algunas festividades judías se prolongaban durante ocho días, como es el caso de la pascua judía, los ázimos y los tabernáculos

El término  "octava" se usa en la liturgia cristiana para  la celebración continuada durante ocho días de una festividad solemne. El día octavo, es a la vez el primero, el que está más allá de todo día, símbolo y anticipo de la eternidad. El libro de los hechos usa indistintamente los nombres: primer día u octavo día para referirse al día que Cristo Resucitó. También se hace referencia como octavo  a la segunda aparición Jesús a los once y donde Tomás lo reconoce a Jesús como su señor y su Dios.

Todos los días de la octava pascual son solemnidades y bebe cantarse gloria. El presbítero al despedir la asamblea dice pueden ir en paz aleluya, aleluya y el pueblo responde: demos gracias a Dios aleluya, aleluya.

La octava de pascua comienza el domingo de resurrección y termina el segundo domingo pascual. Sin embargo en los últimos años este domingo a tomado una connotación especial en la liturgia, ya que el Papa San Juan Pablo II al declarar a Sor Faustina como Santa en el año dos mil, también instituyó este domingo como domingo de la Divina Misericordia. A propósito como se lo había pedido el Señor: este domingo se muestra la misericordia de Dios al mundo con el mandato de Cristo a los discípulos de perdonar los pecados de la humanidad. La misericordia de Dios se muestra con la institución del sacramento de la confesión. Perdonar pecados, era una acción exclusiva de Dios, pero ahora los discípulos en su nombre pueden desatar a quieren están atado por el pecado.

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LA LITURGIA DE LA OCTAVA DE PASCUA

Meditación de las lecturas diarias

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Evangelio del día: Jn. 20, 1-9

Mensaje del día:

El Mesías no murió para quedarse entre los muertos, sino que había de resucitar.  La resurrección de Cristo se convierte en la esperanza de la humanidad. La humanidad tiene participación plena en la gracia del Misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.  La Magdalena es elegida para ser apóstol de los apóstoles. Una mujer es la primera testigo del resucitado. Pedro y el discípulo amado, entraron al sepulcro, vieron y creyeron. Quienes se quedan en la periferia no ven a Dios, hace falta un acercarse para ver y creer.

Oración del Día:

Señor Jesús, muchas personas al lado nuestro están tristes por la muerte de seres querido. Llévate esa tristeza confortándola con la esperanza de la vida eterna. No permita que los afanes de la vida nos alejen de ti. Que el cansancio robe nuestra alegría, ayúdanos a encontrarte en el que sufre y está enfermo. Ayúdanos a buscarte aun en los momentos más angustiante de la vida para que al igual que el discípulo amado, podamos entrar, ver y creer.

 

LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Evangelio del día: Mt. 28, 8-15

Mensaje del día:

Nueva vez son las mujeres las que Jesús Resucitado usa para convertirlas en apóstoles de los apóstoles.  Ellas fueron testigo de los testigos. Ahora con un mensaje especial. Alegrarse. Fue amarga la tristeza de la comunidad de discípulos en estos tres días de angustia y desesperación, pero de un momento a otro todo cambia, el Señor convierte la tristeza en gozo y el gozo en anuncio de una buena nueva.  Lo que comenzó en Galilea como signo del Reino de Dios, no tendrá un fin trágico en Jerusalén, humillado en una cruz, sino que ahora deben volver a Galilea y allí le verán.

Oración del Día:

Señor Jesús, llévate nuestra tristeza, desanimo, amarguras y soledad.  No permita que las dificultades del día a día arranque de nuestros corazones esa alegría que tú nos has sembrado.  Te pedimos por los que aún  no te han visto resucitado, por los que dudan, los que se afligen, los que están extraviado. Pon en nuestros caminos gentes que nos puedan anunciar signos de esperanza.  Consuela a todos los que sufren, de manera especial tantas madres doloridas a causa de las decisiones de sus hijos.

 

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Evangelio del día: Jn. 20, 11-18

Mensaje del día:

He visto al Señor nos dice la Magdalena. Rabboni o Rabí que significa “Maestro” es el término que ella usa para referirse a Jesús. Jesús pide no buscar entre los muertos al que vive. El ser humano se angustia ante la realidad de la muerte, sin saber que más allá de ella hay una esperanza. María Magdalena fue en su pasado una mujer de una mala vida, pero un encuentro con Cristo, al sentirse perdonada, su amor por Dios fue tan profundo que tuvo los privilegios, junto a la Madre, de acompañar a Jesús en su pasión y de verlos como primera testigo. Dios perdona y ama al pecador y le ofrece un comino nuevo, el camino del apostolado.

Oración del Día:

Señor Jesús, cuántas veces te hemos buscado entre los muertos, sin saber que vives en cada espacio de nuestra vida. Queremos reconocerte en todas nuestras decisiones, saber que eres el guía y maestro, que camina a nuestro lado.  Ayúdanos a corregir esas malas actitudes de nuestras vidas. Sácanos de los caminos de fracasos y muerte por donde andamos metidos. Queremos ser apóstoles de la alegría, compartir con el mundo la alegría de habernos encontrado junto a ti.

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Evangelio del día: Lc. 24, 13-35

Mensaje del día:

En los caminos de la vida sentimos angustia, desesperación, desilusión, miedo, coraje, mal humor. El ojo del ser humano se enceguece y no puede reconocer a Jesús que se hace el encontradizo por el camino.  El camino de Emaús representa al hombre que ha perdido la esperanza. Pero Dios no se hace esperar. Nos presenta dos opciones para reconocerlo: La Escritura para sentir el ardor de la presencia de Dios, palabras de sabiduría para reconocer a Dios en medio de nuestras tristezas y la Eucaristía como signo máximo y plenitud de la vida cristiana. Hace falta, necesariamente la hospitalidad del ser humano de querer caminar junto a Jesús a pesar de la angustia, pero de manera especial el “quédate junto a nosotros”, a quien debemos reconocer en la fracción del pan.

Oración del Día:

Señor Jesús, nuestras tristezas abruman el corazón y no nos permiten verte y reconocerte cuando camina junto a nosotros. Al contrario te rechazamos e insultamos como lo hicieron los discípulos de Emaús, pero al mismo tiempo tú nos das la certeza y alegría a la luz de tu palabra. Crea en nosotros un profundo amor por la lectura sagrada, para que encienda en nosotros el fuego de tu Espíritu. Hoy queremos reconocerte en la Eucaristía, que ella sea signo de nuestra vida cristiana, que nunca nos apartemos de ella. Así mismo danos la alegría de anunciarte sin miedo en todos los rincones de la tierra.

 

JUEVES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Evangelio del día: Lc. 24, 35-48

Mensaje del día:

Estar en paz y alegría son dos signos de Cristo Resucitado: Jesús resucitado se aparece a sus discípulos y les dice: “mi Paz a ustedes. No es una paz como la da el mundo, sino una paz que permanece para siempre. El mundo da una paz aparente, relativa, pero Cristo da una paz interior. Y esta paz se puede tener aunque haya mil problemas; el cristiano tiene paz en medio de las tormentas. La alegría cristiana es diferente a sonreír, no es la risa de un chiste, las carcajadas de una burla, no, nada de eso, sino que es la alegría que brota del Espíritu y del amor de Dios. Es la alegría de sentirse satisfecho y realizado en la vida, es la alegría como lo manifiesta el discurso de las bienaventuranzas del  evangelio de San Mateo. Un cristiano triste  es un triste cristiano, Dios no quiere cara triste; pues el Reino de los Cielos es Gozo y paz y al cielo no van los tristes.

 

Oración del Día:

Señor Jesús, tú nos has prometido una morada allá arriba en el cielo. Al deshacerse la morada de la tierra nos espera una mansión en tu reino. Tú te hiciste forastero en tierras extrañas, estuviste sin techo el día de tu nacimiento y fuiste a Egipto junto a tus padres. Te pedimos por todos los emigrantes del mundo para que no sientan la opresión, mal trato, destierro. Tú, junto a tu madre peregrina dados la fuerza de ser peregrinantes en este mundo y que busquemos nuestra patria del cielo.

 

VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Evangelio del día: Jn. 21. 1-14

Mensaje del día:

La barca de Pedro es símbolo de la Iglesia.  A orilla del lago siempre había varias barcas, pero Jesús tiene una privilegiada: la de Pedro. Desde ella Jesús, pesca milagrosamente, instruye al pueblo, se retira para descansar y orar. Esa barca a veces es sacudida por el viento pero no se hunde. Jesús hoy hace una invitación especial: “Remen mar adentro”. El cristiano no se queda en la superficie, sino que pesca en las aguas profundas de la fe. Jesús resucitado no es un fantasma. Un fantasma no come ni bebe, por eso Jesús pide de comer. Esta comida sigue representando la dimensión eucarística de Cristo Resucitado. El reconocimiento en la fracción del pan.

Oración del Día:

Señor Jesús, tú te nos has mostrado desnudo, enfermo, prisionero, extranjeros. Ayúdanos a reconocerte en cada situación de pobreza y marginalidad donde te nos presenta. Haznos sentir la alegría de compartir con los más necesitados imitando tu ejemplo.  No permita que la avaricia y el deseo de tener más, nuble nuestros corazones y nos hagan insensible ante el que sufre.  Queremos en tu nombre echar las redes a la derecha, haz de tu iglesia, barca de Pedro, una pesca abundante.

 

 

SÁBADO  DE LA OCTAVA DE PASCUA

Evangelio del día: Mc. 16. 9-15

Mensaje del día:

 

Jesús les echó en cara su incredulidad. Ante las maravillas de Dios, el corazón humano se turba en sus frustraciones pasadas.  Los discípulos ponen en duda las apariciones del Mesías, porque no habían sido capaces interiormente de pasar de la vergüenza de la cruz a la experiencia del resucitado.  Un giro extraordinario comienza en la vida de la comunidad apostólica: “ir al mundo entero y anunciar el Evangelio a toda la creación”. La universalidad de la Iglesia. Católico significa universal. La fe no se limita a la experiencia de una comunidad o de un pueblo, sino que debe llegar a todos los confines de la tierra. Aún falta mucho compromiso y vocación cristina para seguir impregnado el mundo del sabor cristiano de la fe.

Oración del Día:

Señor Jesús, en la vida nos hemos encontrado con muchas gentes que están tristes, amargadas, deprimidas, solas, confundidas. Hoy queremos contar con tu gracia y misericordia para mirarlos como tú los miras, quererlos como tú los quieres, sentirlos como tú los sientes, compréndelos como tú los comprendes. Pon en nuestros caminos esas personas para que nos santifiquemos con ellas, consolar como tú consuelas, ayudar como tú ayudas. Que nuestras manos sean tiernas como las tuyas. Junto a tu Madre, ayúdanos a mostrar un amor maternal al mundo.

DOMINGO DE LA OCTAVA DE PASCUA

Evangelio del día: Jn. 20. 19-31

Mensaje del día:

Es Jesús quien instituye el primer día de la semana como día del Señor. Jesús resucita el primer día de la semana y al octavo día se manifiesta nuevamente en la comunidad de los doce. Por eso la comunidad primitiva dio prioridad al día del Señor más que al sábado judío.  El primer día de la semana se manifiesta el signo de incredulidad de Tomás; pero al octavo día él lo reconoce como su Señor y su Dios.

Jesús Resucitado pide cinco signos a los discípulos como experiencia suya: 1. Estar en paz: “mi Paz les dejo mi paz les doy” (Jn. 20,19).2.  La alegría: “los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor” (Jn. 20,20).  3.  Estar lleno del Espíritu: “Jesús soplo sobre ellos el Espíritu Santo” (Jn. 20,22). Donde no hay amor no hay Espíritu de Dios, por tanto, estar lleno de ese Espíritu es tener un corazón grande para amar y fuerte para luchar. 4. El perdón: “Lo que aten en la tierra quedará atado en el Cielo” (Jn. 20,23).  Los cristianos estamos llamados a desatar a los que están amarrados bajo el peso de sus culpas. 5.  La Misión: “Como el Padre me envía, así les envío yo”, (Jn. 20,21).  “Vayan por todo el mundo y hagan discípulos a todos los pueblos bautizándoles en el nombre del  Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Oración del Día:

Señor Jesús, hay cadenas que nos atan y coartan nuestra libertad. Tú rompiste esas cadenas en la cruz amando hasta tus enemigos. Queremos romper junto a ti esas cadenas del resentimiento que nos atan. No permitas que carguemos más con el peso del rencor, ayúdanos a cicatrizar esas heridas de quienes nos han lastimado. Queremos un corazón libre y grande para amar y perdonar. Que podamos ver el mundo como tú lo vez. No eres un juez guerrero  o condenador, sino un padre que acoge a tu hijo prodigo, una pastor que cargas con las ovejas descarriadas un Dios que nos mostró su amor en el dolor de la cruz. Queremos perdonar como tú nos perdonas.

P. Moisés Corcino, Vicario de Pastoral de la Diócesis de San Juan