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Homilía del Nuncio Apostólico en Santo Domingo

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c_200_147_16777215_0___images_stories_nuevo_nuncio.jpgHomilía del 2 de julio de 2017

El tiempo de Dios es sagrado. El tiempo de Dios no se agota con el paso de las generaciones, con el paso de los pastores, porque también los Pastores se suceden: lo que llamamos la Sucesión de los Apóstoles. Es lo que vivimos estos días, y que hemos vivido juntos durante estos tres años y pico. Por eso, el tiempo del Pueblo de Dios es también el tiempo de Dios. Agradecemos al Señor que nos provee Pastores por su rebaño. Felicitamos a los nuevos Obispos Auxiliares Ramón Benito Ángeles y Jesús Castro, y especialmente el Arzobispo Francisco Ozoria que fue a Roma a recibir su símbolo de Metropolitano.

 

 

Ya han pasado tres años y medio desde mi llegada en esto querido país. A mi llegada, era casi fácil encontrar las palabras para aterrizarme. Hoy, para agradecer a todos ustedes y despedirme, no encuentro las palabras idóneas. La tentación era de callarme, y simplemente decir “adiós amigos, que Dios les bendiga”. Pero, no será justo de callarme. Quería, por lo menos, agradecer a todos ustedes por las bendiciones recibidas.

Hay muchos puntos que llaman nuestra atención durante esta Santa Eucaristía: el significado del Palio del Arzobispo, el significado del rol del Santo Padre, el Aniversario de Ordenación Sacerdotal de dos Obispos.

El Evangelio de hoy, en el que se evoca la primacía de Pedro - “Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia”-, nos recuerda que la primacía de Pedro viene precedido por su confesión de fe en la divinidad del Hijo. Esa confesión de fe, esta fe, esta unidad humana, en toda su vulnerabilidad, es la piedra sobre la que edificará la Iglesia. Jesús reconoce en Simón la fe sólida en la cual debía construirse su asamblea, su Iglesia y por esa razón le asigna la misión de ser la roca firme sobre la cual se sostiene. Ya han pasado 2,000 años, e Jesús no deja su Iglesia. Será la roca inquebrantable de la Iglesia. Pedro, a causa del testimonio hecho en nombre de los demás apóstoles, debería cumplir con el deber de sostener sus hermanos de fe, debería ocuparse de la misión de custodiar la fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (Cf. Lc 22,32).

Para no tener ninguna duda de su tarea, el Señor Jesús le invita a Pedro de apacentar al pueblo de Dios (cf. Jn 21: 15-19), como continuación del trabajo del mismo Jesús, el Buen Pastor. Es como decir: sigue con mi misión ya que me voy.

De otro lado, las llaves indican facultad, capacidad de actuar, poder de gobierno, sucesión en oficio que siguieron transmitiéndose por generaciones. Jesús transfiere su poder de administrar la Iglesia a Pedro y a sus sucesores. Él es consciente y está convencido de que Jesús le confía una misión única. Es por eso, que, cargado de la misión recibida, del poder recibido, Simón pasa a ocupar el primer lugar entre los apóstoles. El organiza el Primer Concilio, y la primera elección de un Apóstol, para substituir a Judas Iscariote.

La Iglesia es producto de su experiencia con Dios, a través la historia. Seguimos viviendo el tiempo de Dios, el tiempo del Espíritu, el tiempo de la Iglesia. Por eso, es esencial recobrar la frescura del mensaje de Pedro y Pablo, y tenemos que anunciarla de manera íntegra. Es la base de la unidad de la Iglesia. El respeto total a Pedro.

En esto respeto y comunión, vemos el rol de cada Obispo. “Cada obispo representa a su Iglesia, y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad" (Lumen Gentium, 23).

Así como, por disposición del Señor Jesús, san Pedro y los demás Apóstoles forman un solo colegio apostólico, de igual manera se unen entre si el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles.

Sabemos que Cristo nuestro Señor, al fundar su Iglesia, llamó a los Doce, constituyéndolos en Apóstoles y encargándoles la misión de la evangelización y la del gobierno pastoral del pueblo cristiano, estableciendo así la estructura ministerial de la Iglesia.

Los doce Apóstoles se nos presentan como un corpus y un collegium de personas unidas entre sí por la caridad de Cristo (afectivo), y que colaboran por el bien del Pueblo de Dios (efectivo). Todo esto, bajo la autoridad de Pedro. Cada obispo representa a su Iglesia y personifica su Iglesia, y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad.

Lo que celebramos hoy es, no solamente la Primacía de Pedro, sino también la realidad de la Sucesión Apostólica. En efecto, los Obispos tienen sucesores. Esa sucesión reproduce la estructura original del colegio de los Doce unidos entre sí por voluntad de Cristo bajo la autoridad de Pedro.

De ahí, se entiende bien el rol del Palio, come símbolo de unidad entre los Obispos sufragáneos junto al Metropolita, símbolo de servicio y de continuidad.

Para terminar, quería dejar un mensaje breve a los dominicanos. Ustedes son un Pueblo querido por Dios. Un Pueblo bendecido. Que cuiden bien sus bendiciones. Gracias de compartir conmigo sus bendiciones. Me voy contento de conocer a ustedes, y de ser tocado por su bondad y amabilidad. Que Dios sigue bendiciendo a todos ustedes. Muchas gracias.