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Mensaje de la Conferencia del Episcopado Dominicano al celebrar el 27 de febrero, el 169 Aniversario de la Independencia Nacional: texto integral

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c_200_147_16777215_0___images_stories_ced.jpgMensaje  de la Conferencia del Episcopado Dominicano al celebrar el 27 de febrero, el 169 Aniversario de la Independencia Nacional: texto integral

EN EL BICENTENARIO DE JUAN PABLO DUARTE,

RENOVEMOS NUESTROS IDEALES

  1. I. Introducción

  1. El 26 de enero del 2013 celebramos en la República Dominicana el Bicentenario del nacimiento del Patricio Juan Pablo Duarte. Como pastores del Pueblo de Dios que peregrina en esta tierra, inclinamos nuestras frentes ante la memoria del Padre de la Patria, mientras damos gracias a Dios Padre, modelo de toda paternidad.

 

  1. Recordamos a nuestros hombres y mujeres dominicanos y a todos los que comparten con nosotros esta tierra y este cielo, cobijado por el pabellón tricolor, nuestra bandera dominicana, el mensaje de la Sagrada Escritura: “Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y vivas mucho tiempo en la tierra”[1]. Esto no se refiere solamente a los padres biológicos, sino a todos los que tienen sobre nosotros un ascendiente moral, por la edad, experiencia, saber o la misión que desempeñan en la sociedad, como en el caso de Juan Pablo Duarte.
  1. Él no sólo fue el promotor de nuestra Independencia, sino que con sus ideales y ejemplos se constituye en prototipo de conducta para la vida privada y pública de todos los dominicanos.
  1. La celebración de este Bicentenario Duartiano es una ocasión que la Providencia de Dios y la historia nos ofrecen para dirigir nuestros pensamientos hacia la figura egregia del Padre de la Patria, y recordar su sacrificio y el perfil de sus virtudes.
  1. En la referida cita, la Sagrada Escritura dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar”. “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor: porque esto es justo. ‘Honra a tu padre y a tu madre’, tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa, para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra”.
  1. El Catecismo de la Iglesia Católica señala que: “la observancia de este mandamiento procura con los frutos espirituales, frutos temporales de paz y prosperidad. Y al contrario, la no observancia de este mandamiento entraña grandes daños para las comunidades y las personas humanas”[2]. “Este mandamiento implica y sobreentiende los deberes de los padres, tutores, maestros, jefes, magistrados, gobernantes, de todos los que ejercen una autoridad sobre otros o sobre una comunidad de personas”[3].
  1. “Toda institución se inspira, -continúa el Catecismo- al menos implícitamente, en una visión del hombre y de su destino, de la que saca sus referencias de juicio, su jerarquía de valores, su línea de conducta. La mayoría de las sociedades han configurado sus instituciones conforme a una cierta preeminencia del hombre sobre las cosas. Sólo la religión divinamente revelada ha reconocido claramente en Dios, Creador y Redentor, el origen y el destino del hombre. La Iglesia invita a las autoridades civiles a juzgar y decidir a la luz de la verdad sobre Dios y sobre el Hombre”[4].
  1. II. Duarte: fe y auto-superación

  1. Juan Pablo Duarte y Díez nació en el barrio de Santa Bárbara, en la ciudad de Santo Domingo, el 26 de enero de 1813. En una familia de arraigada fe católica, compuesta por Juan José Duarte, natural de Vejer de la Frontera (Cádiz), y Manuela Díez, oriunda de El Seybo. Fue bautizado por el Padre José Ruiz, en la iglesia de Santa Bárbara, el 4 de febrero de 1813. A los 6 años “recitaba de memoria el catecismo”[5].
  1. Aprendió sus primeras letras con la maestra Montilla en la escuela de Manuel Aybar. Se inició en teneduría de libros (contabilidad) para ayudar a su padre en los menesteres comerciales de la Atarazana y fue instruido en los estudios superiores, a falta de universidad, por el Doctor Juan Vicente Moscoso, que había sido catedrático en la Universidad de Santo Domingo; también por el franciscano Fray José Antonio Bonilla y por el Padre Antonio Gutiérrez.
  1. Ante la imposibilidad de asistir a escuelas superiores en Santo Domingo “los pocos conocimientos que adquirió fueron debidos a su amor al estudio”[6] y férrea voluntad y deseo de superación, logrando fijarse un objetivo: dar un nombre a su pueblo y que sea digno de llevarlo.

  1. III. Duarte: el orgullo de ser dominicano
  1. En su juventud viajó a New York, Londres, París y Barcelona, conociendo los sistemas políticos de esas naciones y quedando impresionado, sobre todo, por los Fueros Catalanes, -un sistema de derecho local, utilizado en la Península Ibérica a partir de la Edad Media y que se constituyó en la fuente más importante del derecho altomedieval español- para la futura Independencia y organización de su Patria. Aprendió lo bueno del extranjero, aprovechó las oportunidades y contactos con otras culturas para fortalecer la identidad personal, familiar, cultural y social de la Nación dominicana.
  1. Hay situaciones que parecen casualidades sin importancia; pero que pueden transformarse en estímulos permanentes, que desencadenan propósitos firmes, capaces de cambiar el futuro. Eso sucedió con el joven Juan Pablo Duarte, en la primera etapa de su viaje por mar hacia Nueva York. El capitán de la nave, sin intentar ofender, le preguntó: “¿No te da pena, muchacho, decir que eres haitiano, como está escrito en tu pasaporte?” “Yo soy dominicano[7], respondió Duarte con firmeza.
  1. En las postrimerías de su vida recordaba Duarte ese acontecimiento y sus consecuencias. Su hermana Rosa Duarte, consignó en sus Apuntes: “Juan Pablo nos dijo varias veces que el pensamiento de libertar su Patria se lo hizo concebir el capitán del buque español en donde iba para el Norte de América en compañía de Pablo Pujols”. Y el mismo Duarte escribió una nota a su hermana para decirle: “Juré en mi corazón no pensar ni ocuparme sino en procurar los medios para probarle al mundo entero que teníamos un nombre propio, dominicano, y que éramos dignos de llevarlo”[8].
  1. IV. Duarte: “Dios, Patria y Libertad”
  1. Regresó a nuestra tierra, convencido de que debía luchar por la independencia del pueblo dominicano, en ese tiempo sojuzgado por Haití, y fundó la Sociedad Secreta la Trinitaria, con el lema “Dios, Patria y Libertad”. También la Filantrópica, para propagar los principios de la Independencia Dominicana,  con representaciones de piezas teatrales[9].
  1. Los trinitarios se comprometieron a luchar por la Independencia Dominicana con un solemne juramento: “En el nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del Gobierno Haitiano y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana; la cual tendrá su pabellón tricolor en cuartos encarnados y azules atravesado por una cruz blanca. Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales de Dios, Patria y Libertad. Así lo prometo ante Dios y el mundo... Si tal hago, Dios me proteja, y de no, me lo tome en cuenta; y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición si los vendo”[10].
  1. “Cuando signó el último, -dice Serra en sus Apuntes-, con el pliego abierto a la izquierda y señalando las cruces con la diestra, dijo Duarte: «No es la cruz el signo del padecimiento; es el símbolo de la redención, queda bajo su égida constituida la Trinitaria, y cada uno de sus nueve socios obligado a reconstituirla, mientras exista uno, hasta cumplir el voto que hacemos de redimir la Patria del poder de los haitianos»”[11].
  1. “Después de instalada la sociedad revolucionaria la denominaron Sociedad de los Trinitarios, aludiendo al lema Dios, Patria y Libertad, y nombraron a Duarte (Juan Pablo) General en Jefe de los ejércitos de la República y director general de la revolución; coroneles a Francisco del Rosario Sánchez, a Juan Isidro Pérez de la Paz, a Pedro Alejandrino Pina, a Ramón Mella y a Vicente Celestino Duarte”[12].

  1. V. Duarte: honor y libertad
  1. Por su labor a favor de la Independencia Dominicana, fue perseguido por el gobierno haitiano y obligado a emigrar a Venezuela para salvar su vida en 1843, buscando apoyo en ese país hermano. Sin embargo, Duarte no era enemigo de los haitianos y escribió: “Admiro al pueblo haitiano; lo admiro porque conozco su historia. Ese pueblo ha luchado desesperadamente contra poderes excesivamente superiores y los ha vencido para salir de la triste condición de esclavo y constituirse en nación independiente. Le reconozco dos grandes virtudes: el amor a la libertad y el valor… Pero los dominicanos también… Nosotros tenemos que reivindicar nuestro honor, nuestro nombre y nuestra libertad”[13].
  1. Los dominicanos y haitianos somos dos pueblos hermanos, nacidos en la misma tierra. Duarte buscaba que ambos pueblos fueran respetados y ayudados a reencontrarse en su historia, fortalecer su liderazgo y respetar a su gente. Sólo lograremos una pacífica convivencia y una cooperación fraterna si ellos y nosotros mantenemos nuestra propia identidad y desarrollamos nuestros propios recursos.

  1. VI. Duarte: austeridad y sacrificio
  1. Para Juan Pablo Duarte marchar al exilio hacia Venezuela, en agosto de 1843, su padre, Juan José Duarte, tuvo que vender una casa que poseía en la cuesta de San Diego, por $200 pesos oro.
  1. Desde Caracas, Juan Pablo Duarte escribe a su familia: “El único medio que encuentro para reunirme con ustedes, es independizar la Patria; para conseguirlo se necesitan recursos, recursos supremos, y cuyos recursos son, que ustedes de mancomún conmigo y nuestro hermano Vicente ofrendemos en aras de la Patria lo que a costa del amor y trabajo de nuestro padre hemos heredado. Independizada la Patria puedo hacerme cargo del almacén, y a más, heredero del ilimitado crédito de nuestro padre, y de sus conocimientos en el ramo de marina, nuestros negocios mejorarán y no tendremos por qué arrepentirnos de habernos mostrado dignos hijos de la Patria”[14]. Y sus hermanas Rosa y Filomena respondieron: “Nosotras estamos dispuestas a sacrificar lo que nos queda por el ideal patrio de Juan Pablo, y a compartir con él la suerte que el cielo le depare”[15].
  1. Mientras tanto, aquí, otros grupos dominicanos se unieron a los Trinitarios y proclamaron la Independencia Nacional el 27 de Febrero de 1844.
  1. El 28 de febrero de 1844 en Caracas, recibió Duarte la respuesta de su familia: “una carta de su madre y hermanas diciéndole que podía disponer de todo y que iban a fletar un buque para mandarlo a buscar”[16].
  1. Como Duarte, todo el que quiera salir triunfante en un proceso de liberación, ha de llevar consigo, como a un amigo, al sacrificio y la austeridad. Son los medios más eficaces en momentos de crisis morales, económicas y sociales para subsanar los errores pasados.

  1. VII. Duarte: honradez, honestidad y transparencia
  1. Duarte regresó de Venezuela el 14 de marzo de 1844, día de júbilo para la ciudad de Santo Domingo. El Gobernador Eclesiástico de la Arquidiócesis de Santo Domingo, el P. Tomás Portes e Infante, le saludó: “Salve Padre de la Patria”. Y fue nombrado miembro de la Junta Central Gubernativa y Comandante del Departamento de Santo Domingo, con encargo de coordinar con Pedro Santana la estrategia a seguir en la Guerra de Independencia.
  1. Al no lograrse el acuerdo, después de la Batalla del 19 de Marzo, en Azua, la Junta ordenó a Duarte regresar a la Capital y el Patricio entregó un pormenorizado informe sobre los gastos incurridos por la tropa, devolviendo el resto del dinero al Departamento de Hacienda. Ese dinero se lo habían entregado sin recibo y nadie le había dicho que tenía que rendir cuentas, pero él sabía que el dinero pertenecía al Estado y debía devolverlo a la Tesorería.
  1. El 4 de febrero había dado prueba de su pureza como patriota y ahora la daba de su pulcritud como administrador. El 12 de abril de 1844, Duarte devolvió al Tesorero Nacional, Miguel Lavastida, $827 pesos de los $1,000 recibidos e hizo entrega de un informe pormenorizado de $173 pesos gastados en la tropa. Durante la campaña militar anotó cuidadosamente los gastos desde su salida, como eficiente Contador. He aquí el paradigma de honradez, honestidad y transparencia, para todo dominicano que participe en la política pública. Esta rendición de cuentas constituye un permanente ejemplo y estímulo para los gobernantes y ministros que manejan fondos públicos o administran dinero ajeno, teniendo a su disposición, hoy, tantos medios sofisticados para una rápida y exacta rendición de cuentas, que acredite su honorabilidad[17].

  1. VIII. Duarte: democracia, defensa de la ley y el bien común
  1. En Junio de 1844 Juan Pablo Duarte volvió a trabajar el proyecto de Constitución de la República, manteniendo los principios proclamados el 16 de Julio de 1838, rechazando el protectorado o cesión de la península de Samaná o cualquiera otra parte del territorio nacional.
  1. En el proyecto de Constitución que elaboró, deja Duarte siempre claro la superioridad de la ley sobre toda dominación de persona o nación extranjera: “Siendo la Independencia Nacional la fuente y garantía de las libertades patrias, la ley suprema del pueblo dominicano es y será siempre su existencia política como Nación libre e independiente de toda dominación, protectorado, intervención o influencia extranjera, cual la concibieron los Fundadores de nuestra asociación política al decir (el 16 de Julio de 1838) DIOS, PATRIA y LIBERTAD, REPÚBLICA DOMINICANA y fue proclamada el 27 de Febrero de 1844… declarando además que todo gobernante o gobernado que la contraríe, de cualquier modo que sea, se coloca ipso facto y por sí mismo fuera de la ley”[18].
  1. Establece como fin último del Estado el principio del Bien Común: “Puesto que el gobierno se establece para bien general de la asociación y de los asociados, el de la Nación Dominicana es y deberá ser siempre ante todo, propio y jamás de imposición extraña…”[19]. Pero, más que nada define el carácter del gobierno: debe de ser propio, no impuesto; popular, procedente de la voluntad del pueblo; electivo, fruto de un proceso electoral; representativo, de las voluntades e intereses de sus electores; republicano, elegido y alternativo; y sobre todo, responsable de sus actos. Y para la mejor y más pronta expedición de los negocios públicos se distribuye en poder municipal, legislativo, judicial y ejecutivo.

  1. IX. Duarte: gratitud y sentido de justicia
  1. Duarte tuvo un sentido de la justicia que guió todos sus pasos. En las relaciones personales fue siempre fiel y en las políticas coherente con sus ideas libertarias.
  1. Por encomienda de la Junta Central Gubernativa, Duarte marcha al Cibao en labor conciliadora. Se detiene en Cotuí, La Vega, Santiago y Puerto Plata, y en esos pueblos, empezando por La Vega, es proclamado candidato a la Presidencia de la República.
  1. Ante el pronunciamiento de Puerto Plata, Duarte responde desde Santiago, el 20 de Julio de 1844: “Sensible a la honra que acabáis de hacerme, dispensándome vuestros sufragios para la primera magistratura del Estado, nada me será más lisonjero que saber corresponder a ella llenando el hueco de vuestras esperanzas, no por la gloria que de ello me resultaría, sino por la satisfacción de veros, cual lo deseo, libres, felices, independientes y tranquilos, y en perfecta unión y armonía llenar vuestros destinos, cumpliendo religiosamente los deberes que habéis contraído para con Dios, para con la Patria, para con la Libertad y para con vosotros mismos. Me habéis dado una prueba inequívoca de vuestro amor, y mi corazón agradecido debe dárosla de gratitud. Ella es ardiente como los votos que formo por vuestra felicidad. Sed felices, hijos de Puerto Plata, y mi corazón estará satisfecho aún exonerado del mando que queréis que obtenga; pero sed justos lo primero, si queréis ser felices. Ése es el primer deber del hombre; y sed unidos, y así apagaréis la tea de la discordia y venceréis a vuestros enemigos, y la Patria será libre y salva. Yo obtendré la mayor recompensa, la única a que aspiro: el veros libres, felices, independientes y tranquilos”[20].
  1. En una carta dirigida por Duarte a su amigo Félix María Del Monte, señala: “Escrito está: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán hartos»; y el buen dominicano tiene hambre y sed de la justicia ha largo tiempo, y si el mundo se la negare, Dios, que es la suma bondad, sabrá hacerla cumplida y no muy dilatado…”[21]. También se refiere al desacuerdo de los enemigos de la Patria, respecto “del amo que quieren imponerle al pueblo”. Y termina la carta a su amigo Del Monte con un rasgo cariñoso: “Mil cariños a los niñitos y mándame decir cuántos tienes y cómo se llaman y su edad…”[22].

  1. X. Duarte: perseverancia en la fe y moral católica
  1. Respecto a las creencias religiosas, en su proyecto de constitución Duarte redactó: “La religión predominante deberá ser siempre la Católica, Apostólica, sin perjuicio de la libertad de conciencia y tolerancia de cultos y de sociedades no contrarias a la moral y caridad evangélicas”[23].
  1. Estando exiliado en Venezuela, en 1857, un misionero de origen italiano (el Padre Juan Bautista Sangénis) se encuentra con Duarte y lo convence de trasladarse a San Fernando de Apure[24], más cerca de la civilización. Reanimado Juan Pablo por la amistad con el sacerdote, quien al conocer su historia de sufrimiento, su robusta fe cristiana, su amplia formación académica, disciplina religiosa y el conocimiento de la lengua latina, le dio una definida orientación a abrazar la carrera eclesiástica; sin duda que Juan Pablo recordaría a los sacerdotes que trató en su niñez y adolescencia en la Iglesia de Santa Bárbara, al Dr. José Ruiz, abogado, quien al enviudar, se había ordenado sacerdote, y luego a su hijo Alejo Ruiz, quien también ingresó al estado clerical, cumpliendo ambos su misión sacerdotal en la Iglesia de Santa Bárbara[25].
  1. “Por gratitud a él (Padre Sangénis), –dice Juan Pablo en sus notas– me avecindé en el Apure. Quería que me dedicara a la Iglesia, pero los asuntos de mi Patria, que esperaba concluir, me impedían tomar estado”[26].

  1. Duarte permaneció católico aunque en aquellos tiempos muchas personas identificaban al imperio español y al catolicismo, y confundían uno y otro; permaneció católico a pesar de que un miembro cualificado de la misma Iglesia pidiera obediencia a los mandatos y órdenes del General Pedro Santana y de la Junta Central Gobernativa, la que un mes más tarde declararía como traidores infieles a la Patria a los próceres de la Independencia. La fe cristiana mostrada en el juramento trinitario y la invocación de Dios en la primera palabra del lema sagrado, el incluir la Biblia y la cruz en el escudo revelan cómo conservó su fe. En su vida personal, siempre conservó un comportamiento piadoso, al punto que estando en Venezuela, su párroco le recomendó que ingresara al sacerdocio.
  1. Mons. Juan Félix Pepén Solimán, escribiendo sobre la importancia de la religión en Juan Pablo Duarte, destaca: “la profunda fe religiosa de Duarte es algo que se hace evidente en toda su vida”[27]. En ese sentido, añade: “Duarte fue, quizás sin saberlo, un místico, por vocación y por práctica. Un hombre que hizo de cuanto don recibió de Dios, un instrumento de servicio a los hombres. Un varón en permanente comunicación, por los vínculos sutiles de la fe y el amor, con el Creador”[28].
  1. Daniel Nicanor Pichardo Cruz, Secretario General y Administrador del Instituto Duartiano, señala que “el apóstol de la dominicanidad, Juan Pablo Duarte y Díez, llamado por Joaquín Balaguer «El Cristo de la Libertad», formado en los principios del cristianismo, militó toda su vida, por su actuación y por su comportamiento, en el catolicismo”[29].
  1. El Arzobispo Fernando Arturo de Meriño, que conoció a Duarte en Venezuela, dice de él: “Educado en la piedad religiosa, guardó siempre intacto el tesoro de su fe y acudía al Señor en las congojas de su corazón. En su grande alma mantuvo altar para su Dios y para su patria, y así sus virtudes cívicas llevaban el suavísimo perfume de sus virtudes cristianas”[30].

  1. XI. Duarte: humildad y sufrimiento
  1. El 22 de Agosto de 1844 la Junta de Gobierno daba a conocer el documento firmado por Bobadilla y Caminero con la disposición que declaraba a Duarte, Sánchez, Mella, Pedro Pina, Gregorio del Valle, Juan Jiménez, J. J. Illás y Juan Isidro Pérez, “traidores e infieles a la Patria, y como tales indignos de los empleos y cargos que ejercían, de los que quedan depuestos y destituidos desde este día; ordena que todos ellos sean inmediatamente desterrados y extrañados a perpetuidad del país, sin que puedan volver a poner el pie en él, bajo pena de muerte…”[31]. Este decreto revela la afrenta y dolor profundo sufrido con humildad por Duarte y los demás trinitarios; precio amargo, pagado para que hoy tengamos un nombre y una nacionalidad.
  1. Duarte y sus compañeros fueron reducidos a prisión en Puerto Plata y trasladados a la Capital el 2 de septiembre de 1844 y, desde allí, expulsados a Hamburgo (Alemania), en un viaje de 46 días. Luego, en el mes de noviembre emprende viaje llegando por Saint Thomas a Venezuela, en el mes marzo de 1845.
  1. “Todos pensaban en favorecer sus propios intereses; ninguno los de la Patria”[32]. Su madre y hermanos también fueron desterrados a Venezuela y se radicaron en Caracas. Juan Pablo, internándose por los ríos y las selvas, llega a San Carlos de Río Negro, Estado Amazonas, frontera entre Colombia, Venezuela y Brasil.
  1. Enterado Duarte de que en la Capital se había llevado a cabo la Anexión a España de su amada República Dominicana, sale de la selva y regresa a Caracas, el 8 de Agosto de 1862.

  1. XII. Duarte: al servicio de la Patria con alma, vida y corazón
  1. En un momento de la historia en que la permanente dominación haitiana se consolidaba en nuestra tierra, y sobre todo después del fracaso de la misión española de 1830 que pretendía reclamar la devolución de la parte oriental de la isla a España, Duarte mantuvo la firme creencia que el país tenía suficiente consistencia e identidad cultural, y debía ser libre, soberana e independiente, como reza en el Juramento Trinitario. Duarte no estaba de acuerdo con los que en su tiempo luchaban por una mera separación de Haití, sino por la creación de una Nación libre y soberana.
  1. Aunque no faltaron en Caracas solicitudes a Juan Pablo Duarte para que apoyara la Anexión a España, él las rechazó y escribió: “Los sufrimientos de mis queridos hermanos me eran harto sensibles, pero mucho más doloroso me era ver que el fruto de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, era la pérdida de la independencia de esa patria tan cara a mi corazón y por cuya tranquilidad gustoso me inmolara, por lo que en lugar de aceptar el pan de la degradación, acepté con júbilo la copa de la cicuta que sabía me aguardaba el día que mis conciudadanos consideraran que mis servicios no les eran necesarios… A mí me bastaba ver libre, feliz e independiente mi ínsula, y me dispuse a coadyuvar con todos mis esfuerzos a la redención de la Patria”[33].
  1. Recibido del Gobierno de Venezuela la suma de $1,000 pesos para armar la expedición, antes de embarcarse, Duarte consigna: “A mi vuelta a Caracas vendí una casita en 1100 pesos y me embarqué para Santo Domingo”[34]. El 5 de marzo de 1864 llega a Islas Turcas y de allí a Cabo Haitiano (Guarico) el 19, y el 25 a Montecristi.
  1. En el primer momento Duarte es acogido con respeto y regocijo por el Gobierno Revolucionario del Presidente Salcedo, con sede en Santiago: “Venga, pues, General, la Patria lo espera, persuadida que a la vez luchamos para rechazar al enemigo, nos esforzamos por la unión que es lo que constituye la fuerza”, le escribe Ulises Francisco Espaillat, Ministro de Relaciones Exteriores, encargado de la Vice-presidencia[35].
  1. El 5 de abril de 1864, al llegar a Santiago los cinco expedicionarios, entregaron el material bélico traído, diciendo: “nos presentamos en cuerpo a aquella superioridad ofreciéndole nuestros servicios como soldados de la Patria”[36].
  1. Pero, el 14 de abril de 1864, el Gobierno Restaurador del General José Antonio Salcedo, le comunica a Duarte: “Habiendo aceptado mi Gobierno los servicios que de una manera tan espontánea se ha servido usted ofrecer, he resuelto utilizarlos encomendándole a la República de Venezuela una misión cuyo objeto se le informará oportunamente”[37].
  1. Duarte responde el 21 de abril de 1964: “si he vuelto a mi Patria después de tantos años de ausencia es a servirla con alma, vida y corazón, siendo cual siempre fui motivo de unión entre todos los verdaderos dominicanos, y jamás piedra de escándalo o manzana de la discordia”[38]. El 22 de abril de 1864, el Vice-presidente Ulises F. Espaillat, le reitera la misión a las Repúblicas Sudamericanas. Duarte viajó de Santiago a Cabo Haitiano, se embarcó a Saint Thomas el 28 de junio de 1864 y, desde allí, por Curazao, regresó a Caracas.

  1. XIII. Duarte: la independencia de la Patria aunque cueste la vida
  1. Duarte, al llegar a Caracas, es interrogado por el Gobierno Venezolano, a solicitud de la Legación de España, por su apoyo a la Restauración Dominicana.
  1. Duarte entrega a los patriotas dominicanos dinero y material para el Gobierno Provisional Restaurador. “Nuestra Patria ha de ser libre e independiente de toda potencia extranjera o se hunde la isla”[39]. “Si me pronuncié dominicano independiente, desde el 16 de julio de 1838, cuando los nombres de Patria, Libertad, Honor Nacional se hallaban proscriptos como palabras infames, y por ello merecí (en el año del 43) ser perseguido a muerte por esa facción entonces haitiana y por Riviére que la protegía, y a quien engañaron; si después del año de 44 me pronuncié contra el protectorado francés decidido por esos facciosos y cesión a esta potencia de la península de Samaná…; si después de 20 años de ausencia he vuelto espontáneamente a mi Patria a protestar con las armas en la mano contra la anexión a España llevada a cabo a despecho del voto nacional por la superchería de ese bando traidor y parricida, no es de esperarse que yo deje de protestar (y conmigo todo buen dominicano) cual protesto y protestaré siempre, no digo tan sólo contra la anexión de mi patria a los Estados Unidos, sino a cualquier otra potencia de la tierra, y al mismo tiempo contra cualquier tratado que tienda a menoscabar en lo más mínimo nuestra Independencia Nacional y cercenar nuestro territorio o cualquiera de los derechos del Pueblo Dominicano… llegado el caso no habrá un solo dominicano, que pueda decir que yo soy neutral sino que tendrá cada uno que pronunciarse contra o por la Patria, es bien que yo os diga desde ahora (más que sea repitiéndome) que por desesperada que sea la causa de mi Patria siempre será la causa del honor y que siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre[40].
  1. En esos años, Duarte estaba atento a las noticias de Santo Domingo y al retiro de las tropas españolas de la Isla. En Caracas la mayor parte del tiempo lo pasaba con sus hermanos, ayudándoles en sus quehaceres comerciales y domésticos.
  1. El 18 de marzo de 1865 Juan Pablo Duarte escribía a Félix María del Monte: “He tenido el placer y la satisfacción de ver y conocer al Padre Meriño, el cual me ha dado noticias de ti y de otros amigos. Ya sabrás cómo fui a Santo Domingo. No podía hacer otra cosa: El grito de agonía del Mártir del Cercado y sus ilustres compañeros fue a herir mis oídos al fondo del Apure, y estaba en mi deber protestar con las armas en la mano contra eso que han llamado Anexión, y vengar a mis compañeros”[41].
  1. Continúa diciéndole Duarte: “Félix, no hay reposo ya para nosotros sino en la tumba; y pues que el amor a la patria nos hizo contraer compromisos sagrados para con la generación venidera, necesario es cumplirlos o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres, libres, fieles y perseverantes… Tú escribe y trabaja bastante, y trabajemos, quise decir, por y para la Patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos. Sí, caro amigo, trabajemos sin descansar; no hay que perder la fe en Dios, en la justicia de nuestra causa, y en nuestros propios bríos, pues nos condenaríamos, por cobardes, a vivir sin Patria, que es lo mismo que vivir sin honor! Aprovechemos el tiempo…”[42].
  1. Y sigue: “Nuestro muy amado amigo el R. P. Meriño aún permanece aquí. Todo es providencial: el R. P. Pedro Carrasco, q.e.p.d., cura de la heroica villa de San José de los Llanos, presidió con nosotros a la fundación de la República; y la Divina Providencia nos envía al R. P. Arturo (Fernando Arturo de Meriño) –estrella de primera magnitud– para presidir a la Restauración. No tengas fe, si te parece; yo tengo la del Centurión”[43].
  1. Le escribía Félix M. del Monte a Duarte, el 11 de abril de 1865: “Tu carta  me consuela… Me revelas en ella la magnánima generosidad del verdadero patriota, la abnegación del héroe, la fe del mártir… Con pechos en que existe, como en un foco inmenso, el fuego sagrado del amor patrio, puro, desinteresado y sublime, quedan para un porvenir glorioso e infalible, la persuasión irresistible del ejemplo y la eternidad de la idea”[44].
  1. Y Duarte responde a Félix M. del Monte: “Tienes razón y mucha en aconsejarme, cual lo haces, diciéndome: consérvate bueno, conserva tu cabeza y tu corazón; tienes razón, repito, porque nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria. Contristan el corazón del bueno y pretenden trastornar el juicio del Pueblo, con sus planes proditorios y liberticidas, para que éste despedace a sus fieles servidores y bañarse ellos ¡infames¡ en la sangre de las víctimas, gozándose en el infortunio de la Patria. Procuraré conservarme bueno, conservaré mi corazón y mi cabeza, sí, mi buen amigo, así lo aconsejan mis amigos, así lo exige el honor, así lo quiero yo,  porque pienso que Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y triunfante”[45].

  1. XIV. Duarte: testamento espiritual
  1. Y desde Caracas escribe Juan Pablo Duarte a José Gabriel García lo que podíamos llamar su testamento espiritual: “Seguid, jóvenes amigos, dulce esperanza de la patria mía, seguid con tesón y ardor en la honrosa carrera que habéis emprendido y alcanzad la gloria de dar cima a la grandiosa obra de nuestra regeneración política, de nuestra independencia nacional, única garantía de las libertades patrias. Seguid, repito, y  vuestra gloria no será menor por cierto que la de aquellos que desde el 16 de julio de 1838 vienen trabajando en tan santa empresa bajo el lema venerado de Dios, Patria y Libertad, que son los principios fundamentales de la República Dominicana”[46].
  1. Juan Pablo Duarte no se consideraba en la posición de un luchador retirado, vencido por la enfermedad, sino en la de quien todavía está dispuesto a continuar luchando por su Patria.
  1. A los 60 años la vida de Juan Pablo Duarte discurría entre los afanes comerciales e industriales en asociación con la firma Vegas, Fernández y Compañía. Nunca se olvidó de su Patria y decía: “El día en que la olvide será el último de mi vida”[47].
  1. Le torturaba la conducta de los políticos dominicanos y su anhelo de días mejores. Manifestó también la gran estima que tenía a su formación militar y su grado de General de División, así como su latente inconformidad por no haber llegado a combatir y dar su sangre en el campo de batalla. Política y milicia: dos dimensiones de la vida de un pueblo que Duarte ennobleció. Con P. Troncoso Sánchez decimos: “no cabe que sean los ambiciosos los que obtengan el poder político ni los truculentos quienes detenten la fuerza militar, sino que sean siempre aquellos cuya robustez moral garantice a la sociedad que no utilizarán los medios de dominación de que disponen, para fines reñidos con el bien común” [48].
  1. XV. Duarte: recibe los auxilios espirituales y muere. Su entierro fue en la fiesta de la Virgen del Carmen
  1. En 1873 los Duarte-Díez vivían en Caracas, en una casita baja de mampostería, de unos 4 metros de fachada, con sólo una puerta y una ventana que daban a la calle situada en la esquina de Zamuro y el Pájaro, en la Parroquia de Santa Rosalía.
  1. El 19 de febrero de 1875, el Presidente dominicano Ignacio María González le escribió a Duarte, invitándolo a regresar a su Patria, y ordenando al Cónsul dominicano en Curazao poner a su disposición los recursos necesarios para que se trasladara a la República Dominicana, él y su familia. Pero ya era tarde, a los 63 años Duarte falleció en Caracas el 15 de julio de 1876, recibiendo los auxilios espirituales del Pbro. Francisco Tejera y el entierro se efectuó el 16 de julio de 1876, fiesta religiosa de la Virgen del Carmen, en la Parroquia Santa Rosalía[49].

  1. XVI. Sigamos las huellas de Duarte, hombre de fe y político auténtico
  1. Al celebrar el Bicentenario del nacimiento del Padre de la Patria, como pastores de la Iglesia les invitamos a fijarse en Duarte como modelo de ciudadano y de cristiano.

a) Seamos verdaderos políticos como Duarte

  1. Para muchos la política es clientelismo, una forma de enriquecimiento o de levantarse un trono en la historia. Para Duarte la política es la ciencia más pura y más digna, la practicó con humildad y la vivió como un servicio al bien común.
  1. En cuanto ciudadanos todos somos políticos[50], porque formamos parte de la ciudad. Somos compromisarios en el servicio. Como Juan Pablo Duarte debemos soñar más en el bien común; cultivar más la vocación de servicio en la sociedad y pensar menos en el lucro personal o de unos pocos.
  1. Felicitamos a los hombres y mujeres que incursionan en la política, renunciando a beneficios personales y que se sacrifican por el bien de todos, y nos lamentamos de los tantos que sin ideales nobles, se aprovechan de la cosa pública y de la malversación de los fondos del Estado.
  1. Felicitamos también a tantas instituciones en el país que cultivan el espíritu de servicio en nuestro pueblo a través de clubes, asociaciones, fundaciones y voluntariados. En este orden, nos regocijamos con los esfuerzos propuestos a favor de la educación. Saludamos la Campaña de Alfabetización iniciada por el gobierno nacional, que será uno de los mejores homenajes en el Bicentenario del Padre de la Patria. Abramos cada vez más las puertas de la educación formal a dominicanas y a dominicanos privados por la pobreza.

b) Sigamos el Paradigma de valentía juvenil

  1. La Independencia nacional fue obra de amigos. La noche del 16 de julio eran nueve jóvenes los que encabezaban aquél movimiento independentista, entre ellos Duarte. “Todos amigos, amigos todos”. Juan Pablo Duarte tenía 25 años, sólo Benito le sobrepasaba con dos años. Pero eso no significa inexperiencia, sino todo lo contrario, significó voluntad de hierro, siempre para obrar bien, a favor de la patria y del pueblo. Y, en sentido general, no claudicaron, sino que se mantuvieron “firmes en los principios independentistas y democráticos”[51]. No olvidemos que su Juramento Trinitario fue firmado con la sangre de cada compromisario.
  1. La patria debe cuidar de la esmerada educación de la niñez pero debe confiar y acoger la energía juvenil en la búsqueda de solución a nuestros problemas. Nos preocupa en especial la realidad de la que están siendo víctima tantos jóvenes atrapados por la violencia, el narcotráfico y la falta de una política estatal bien definida en el manejo del orden público y la seguridad ciudadana. Aunemos todos los esfuerzos que sean necesarios para rescatar, proyectar y formar a nuestros jóvenes en los valores que vivió el Padre de la Patria. Brindémosles las oportunidades que les permitan salir de la marginalidad y la pobreza.

c) Caminemos por las huellas del Fundador de la Patria

  1. Esforcémonos todos en pisar las huellas de nuestro Fundador, viviendo según los valores cívicos vividos y defendidos por él, como son: el orgullo de ser dominicano; la lucha por mantener la independencia de la República aunque cueste la vida, el servicio a la Patria con alma, vida y corazón, la actitud democrática, la defensa y el cumplimiento de la ley, y, el constante esfuerzo por la conquista del bien común.
  1. Vivamos según los valores trascendentes del Espíritu que motivaron a Duarte para darnos el legado de República Dominicana, tales como la fe en la Santísima Trinidad, modelo de comunión; el espíritu de superación; la libertad y el honor; la austeridad y el sacrificio; la honradez, la honestidad y la transparencia en el manejo de los asuntos públicos; la gratitud y el sentido de justicia; la humildad y capacidad de sufrimiento; y sobre todo, la perseverancia en los principios éticos y morales.
  1. Hoy más que nunca se requiere de hombres y mujeres probos en las virtudes morales, con capacidad de sacrificio y de renuncia para sacar adelante la Nación; para contrarrestar la vida fácil, fruto del dinero mal habido; para contrarrestar el narcotráfico, el hedonismo y los vicios en los que se encuentra inmersa nuestra sociedad.
  1. Hoy más que nunca se requiere de la templanza y el heroísmo duartiano para construir la paz anhelada y erradicar el espíritu de violencia y de agresividad con que se manejan muchos dominicanos.
  1. En este tiempo en el que se ha ido perdiendo en gran medida el respeto a lo ajeno, se requiere como nunca para el buen manejo del patrimonio familiar, empresarial, comunitario, y sobre todo, del patrimonio estatal, de la honradez, pulcritud y transparencia que tuvo el Padre de la Patria.
  1. Siguiendo el espíritu de independencia nacional y el ideal de la Patria soñada por Duarte, se requiere que los hombres y mujeres, representantes del poder ejecutivo, legislativo y judicial, a cuya responsabilidad le corresponde guiar los destinos de la Nación, actúen con la suficiente voluntad política para defender el patrimonio nacional, especialmente los recursos naturales y el ecosistema, frente a inversionistas extranjeros o nacionales que atenten contra éste de manera indiscriminada y en perjuicio del bien común.
  1. Se requiere también de los ideales de Duarte para actuar con la suficiente voluntad política y establecer un ordenamiento jurídico justo que regule el sistema de partidos políticos, y la política partidista deje de ser una empresa lucrativa de avivatos y se convierta en lo que verdaderamente debe ser, un servicio a la Nación en procura del bien común.
  1. Se requiere de la mística espiritual de Duarte, para actuar con la suficiente voluntad política y ordenar el sistema de seguridad ciudadana, limpiar de la corrupción y de la complicidad con el narcotráfico y la delincuencia, a nuestras fuerzas armadas y policía nacional; para formar a hombres y mujeres patrióticos que desempeñen esas funciones y para que el mismo Estado les garantice una remuneración justa y les asegure una vida digna para ellos y para sus hijos.
  1. Concluimos invitando a todos los hijos e hijas de esta tierra, a recibir de Duarte su testamento espiritual: mantener bien en alto nuestro lema nacional “Dios, Patria y Libertad”.
  1. Que al celebrar el 27 de febrero, el 169 Aniversario de la Independencia Nacional, dominicanos y dominicanas renovemos nuestros más nobles ideales, implorando la bendición de la Santísima Trinidad y la protección de la Virgen, bajo los títulos de las Mercedes y  la Altagracia, Patrona y Protectora del pueblo dominicano.

Santo Domingo, 27 de febrero del 2013, año 169 de la Independencia de la República Dominicana.

 

Les bendicen,

 

Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez,

Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo,

Primado de América,

Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

 

Ramón Benito De La Rosa y Carpio,

Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros

 

Juan Antonio Flores Santana,

Arzobispo Emérito de Santiago de los Caballeros

 

Fabio Mamerto Rivas, S.D.B.,

Obispo Emérito de Barahona

 

Jesús María De Jesús Moya,

Obispo Emérito de San Francisco de Macorís

 

Francisco José Arnáiz Zarandona, S.J.,

Obispo Auxiliar Emérito de Santo Domingo

 

José Dolores Grullón Estrella,

Obispo de San Juan de la Maguana

 

Antonio Camilo González,

Obispo de La Vega

 

Amancio Escapa Aparicio, O.C.D.,

Obispo Auxiliar de Santo Domingo

 

Pablo Cedano Cedano,

Obispo Auxiliar de Santo Domingo

 

Gregorio Nicanor Peña Rodríguez,

Obispo de la Altagracia, Higüey

Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

 

 

Francisco Ozoria Acosta,

Obispo de San Pedro de Macorís

 

Freddy Antonio de Jesús Bretón Martínez,

Obispo de Baní

 

Rafael Leonidas Felipe Núñez,

Obispo de Barahona

 

Diómedes Espinal De León,

Obispo de Mao-Montecristi

 

Julio César Corniel Amaro,

Obispo de Puerto Plata

 

Valentín Reynoso Hidalgo, M.S.C.,

Obispo Auxiliar de Santiago de los Caballeros

 

Víctor Emilio Masalles Pere,

Obispo Auxiliar de Santo Domingo

 

Fausto Ramón Mejía Vallejo,

Obispo de San Francisco de Macorís

 

 

 


[1] Ef 6,1-3; Ex 20,12.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2200.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2199.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2244.

[5] Citado por D. N. PICHARDO CRUZ, Juan Pablo Duarte Fundador de la República, Cristiano y Católico. Cartilla Duartiana, República Dominicana, 2009, Ed. Alfa Beta, p. 12.

[6] Apuntes de Rosa Duarte, citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, Vida de Juan Pablo Duarte. Instituto Duartiano, Vol. 11, Santo Domingo, 2009, p. 20.

[7] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, Vida de Juan Pablo Duarte. Instituto Duartiano, Vol. 11, Santo Domingo, 2009, p. 16.

[8] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 17.

[9] El P. Gaspar Hernández, nativo de Lima (Perú), y residente en Puerto Rico desde 1830, sacerdote de la Orden de San Camilo de Lelis; había sido capellán de la guarnición española hasta la salida del ejército español de Lima, en la Guerra de Independencia, el 7 de julio de 1821, y se refugió en Puerto Rico después de la Batalla de Ayacucho. En 1839 llegó a Santo Domingo procedente de Saint Thomas y desde la Parroquia San Carlos desarrolló una beneficiosa influencia sobre la juventud en respaldo al ideal de la independencia, impartiendo clases después, en la Iglesia de Regina Angelorum.

[10] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 70.

[11] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 70.

[12] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 73.

[13] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 149.

[14] Apuntes de Rosa Duarte, citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, Vida de Juan Pablo Duarte. Instituto Duartiano, Vol. 11, Santo Domingo, 2009, p. 214.

[15] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 215.

[16] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 217.

[17] Cfr. P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 265-267; véase también Documento de la Cámara de Cuentas de la República Dominicana, en: Almanaque Escuela 2013, Ediciones Radio Santa María, La Vega, 2013, p. 81.

[18] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 301.

[19] Proyecto de Ley Fundamental, citado en: Ideario de Duarte, Compilado por Vetilio Alfáu Durán. Instituto Duartiano, Impreso en Gráfica William, 2012, p. 29.

[20] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 324.

[21] Citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 487.

[22] Citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 488.

[23] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 306. Cf. Carta al Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Provisional Restaurador de Santiago, Caracas, 7 de marzo de 1865, citado en Ideario de Duarte, Compilado por Vetilio Alfáu Durán, Instituto Duartiano, 2012, p. 20; L. GARCIA LLUBERES, citado por D.N. PICHARDO CRUZ, Juan Pablo Duarte Fundador de la República, Cristiano y Católico. Cartilla Duartiana, República Dominicana, Ed. Alfa Beta, p. 21-23.

[24] Juan Pablo Duarte, en los años que pasó en la selva y llanura del Estado de Apure, fue miembro fundador de la Sociedad Joven Achaguas, que publicó el primer libro impreso en Apure, en 1856, donde se recogen producciones literarias del presbítero Juan Bautista Sangénis, Cura Párroco  de Achaguas, y también de Juan Pablo Duarte, quien, a la muerte de Marcelino Muñoz, presidente de la referida Sociedad, escribió un Discurso-elegía por la pérdida del amigo.  Este amigo suyo, junto a otras personas le acogieron a su llegada a Apure. Véase, A. PÉREZ, Achaguas un Pueblo con Minas de Historia, en: http://www.achaguas.net63.net/libro%20de%20Perez%20papo% 20alonzo.html

[25] Cfr. P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit, p. 382-383; J. REYES, Juan Pablo Duarte… su desconocida vida en Venezuela, 6 de noviembre 2012. Disponible en: http://lavendatransparente.wordpress.com/2007/09/24/juan-pablo-duartesus-anos-perdidos-en-venezuela/

[26] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 383.

[27] J. F. PEPÉN, La Nación que Duarte quiso, Ediciones Cultural Poveda y Ediciones MSC, Santo Domingo, 2004, p. 49.

[28] J. F. PEPÉN, Ob. cit., p. 50

[29] D.N. PICHARDO CRUZ, Juan Pablo Duarte Fundador de la República, Cristiano y Católico. Cartilla Duartiana, República Dominicana, 2009, Ed. Alfa Beta, p. 26.

[30] Citado por D. N. PICHARDO CRUZ, ob. cit.,  p. 13.

[31] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 343.

[32] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 369.

[33] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 391.

[34] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 411-415.

[35] U. F. ESPAILLAT citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 423.

[36] M. RODRÍGUEZ OBJÍO, citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 423.

[37] A. DEETJEN, citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 428.

[38] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 435.

[39] Carta al Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Provisional Restaurador de Santiago, Caracas, 7 de marzo de 1865, citado en Ideario de Duarte, Compilado por Vetilio Alfáu Durán, Instituto Duartiano, 2012, p. 22.

[40] Carta al Presidente del Gobierno Restaurador, Santiago, 26 de abril de 1864, citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 472.

[41] Citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 481-482.

[42] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 482.

[43] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p 482.

[44] Citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 483.

[45] Citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 485.

[46] Citado por P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 501.

[47] Citado por  P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit. p. 506.

[48] P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 507.

[49] Cfr. P. TRONCOSO SÁNCHEZ, ob. cit., p. 514-516; R. GENAO, Juan Pablo Duarte… su desconocida vida en Venezuela. En fecha, 6 de noviembre, 2012. Disponible en: http://lavendatransparente.wordpress. com/2007/09/24/juan-pablo-duartesus-anos-perdidos-en-venezuela/

[50] La palabra Política proviene del griego Polis que significa ciudad.

[51] A. LLUBERES, Carta de Juan Pablo Duarte en la celebración del Bicentenario de su nacimiento, en Almanaque Escuela 2013, La Vega, Ediciones Radio Santa María, 2013, P. 7.